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La República:«Los empresarios, en el centro de la solución»

La República:«Los empresarios, en el centro de la solución»

La República, uno de los diarios económicos y financieros más importantes de Colombia, ha publicado la última tribuna de nuestra presidenta, Núria Vilanova, titulada «Los empresarios, en el centro de la solución».

América Latina entra en un nuevo ciclo político. Honduras, Chile o Bolivia reflejan una tendencia creciente que seguramente se extienda a otros países durante 2026: gobiernos que entienden que sin empresarios no hay crecimiento sostenible. No porque estos aspiren a sustituir al Estado, sino porque cuando gobiernos y empresarios cooperan, los países avanzan y, cuando no lo hacen, crecen la desconfianza, el malestar y los populismos.

Es una buena noticia porque la región no puede permitirse otra década perdida. En los últimos 50 años, Latinoamérica solo ha crecido por encima de la media mundial durante ocho años. Ese bajo crecimiento explica pobreza persistente, baja productividad y desconfianza en un sistema incapaz de satisfacer expectativas.

Hoy el sector privado es un factor de estabilidad democrática. En un mundo donde más de la mitad de la población vive en regímenes no democráticos o en democracias en retroceso, modelos productivos resilientes que favorezcan e incentiven crecimiento económico, empleo formal y oportunidades son el mejor antídoto contra la polarización. Todos debemos adaptarnos a esta nueva realidad, incluidos los propios empresarios, antes de que el deterioro sea irreversible.

El dinamismo empresarial no es una opción ideológica: es una necesidad económica y social. El debate global se mueve en esa dirección. Larry Fink, desde BlackRock y ahora como copresidente del Foro Económico Mundial, ha reconocido en la última edición que el modelo que separaba élites económicas y sociedad está agotado. Cuando incluso grandes fortunas admiten que la desigualdad excesiva amenaza la estabilidad, el mensaje es claro: el capitalismo necesita evolucionar.

Ese nuevo capitalismo exige empresarios distintos. No menos ambiciosos, pero sí más conscientes. Empresarios que entiendan que la riqueza no solo se mide en PIB, sino también en cohesión social, sostenibilidad ambiental y oportunidades reales para las nuevas generaciones.

Como promovemos desde el Consejo Empresarial Alianza por Iberoamérica (Ceapi), y así lo recogemos en nuestro decálogo, necesitamos un capitalismo consciente. Modelos empresariales que asuman que la desigualdad no es rentable, que promueva la inversión en educación, talento joven y liderazgo femenino. La empresa del siglo XXI no solo genera beneficios: genera movilidad social, innovación y estabilidad democrática. Además, el reto estructural es enorme. La informalidad laboral alcanza cerca de 48% en la región y supera 50% entre los jóvenes. Sin crecimiento empresarial sostenido es imposible romper ese círculo.

Entre todos -gobiernos, empresarios y organismos multilaterales- debemos cambiar la visión que una parte de la sociedad tiene sobre los empresarios. Durante demasiado tiempo, la empresa ha sido presentada como parte del problema. Hoy debe ser reconocida como parte central de la solución. El mensaje es claro: las empresas crean riqueza, esa riqueza paga impuestos y esos impuestos financian los estados de bienestar.

Los empresarios que forman parte de Ceapi -algunos de ellos, los más importantes de sus respectivos países, ya están asumiendo ese compromiso- impulsan un modelo de capitalismo consciente y defienden la empresa como motor de transformación social y económica.

No basta con hacer bien las cosas: cada empresa debe explicarlo y comunicarlo, aunque ese tema lo abordaré en otro artículo centrado en comunicación y posicionamiento estratégico.

En todo caso, todos los actores implicados saben que, hoy por hoy, el nuevo contrato social no se puede construir contra la empresa, sino con empresarios responsables, gobiernos que confíen en ellos y sociedades que entiendan que sin crecimiento no hay bienestar sostenible. Ese es el verdadero nuevo capitalismo. Y Latinoamérica tiene la oportunidad -y la necesidad- de liderarlo.

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