
Europa 3.0, una iniciativa interesante en la que participo
Ya está disponible Europa 3.0, un interesante e-book que también tendrá versión papel, coordinado por Miguel Angel Benedicto y Eugenio Hernández y que está editado por la Asociación Ideas y Debate. En el participan con su visión 90 políticos, empresarios, profesores… entre los que me encuentro, hablando, cómo no, de comunicación.
Aquí os podéis descargar este interesante libro gratuito. Además os dejo mi capítulo.
Comunicar bien Europa, la gran asignatura pendiente
Es ya lugar común decir que la comunicación es la asignatura no aprobada, el gran reto pendiente en el proceso de construcción europeo. Pero no por ello deja de ser menos cierto. Hay consenso recurrente y mayoritario en que existe un preocupante déficit de información sobre Europa, y eso es algo que los países de la UE deberían tratar de resolver urgentemente. Tanto más cuanto que esa carencia se amplifica y agrava en un momento en el que las dificultades económicas han deteriorado la imagen de las instituciones a ojos de la población, angustiada por los problemas cotidianos y cada vez más distante de lo que se propone, legisla o decide en Bruselas o Estrasburgo.
La propia población también siente que no está bien informada sobre el proyecto europeo, sobre cómo afecta a su vida cotidiana. Resulta inquietante que, entre los ciudadanos, como dejan traslucir los sondeos que se realizan en la UE, la imagen de las instituciones sufra un constante deterioro, que aumente la percepción de que el proceso es algo ajeno a las preocupaciones de la gente. Y esta percepción de la UE como conjunto burocrático que no aporta soluciones a las personas ni defiende sus intereses es, quizá uno de los factores que alienta la creciente eurofobia.
Urge remediar este panorama, eliminar esa imagen no por falsa menos arraigada entre los ciudadanos. Y en ello la comunicación es clave. Probablemente, las instituciones no han tenido éxito en explicar la gigantesca tarea de unir Europa en torno a objetivos solidarios ni en edificar una casa común. Ni en detallar con suficiente vehemencia las ventajas y beneficios del proceso. Suele decirse que no se ama lo que no se conoce. Y sólo explicando bien lograremos que la construcción continental sea un proyecto que los ciudadanos tomen como propio y no como algo que se dirime al margen de sus vidas.
Sé bien que difundir el proyecto y hacer que cale no es fácil. Hay muchas trabas en el camino, desde la multiplicidad de instituciones (cuyas atribuciones una mayoría de europeos aún dice desconocer) a una cada vez mayor multiplicidad de emisores (desde corresponsales a bloggeros). También son obstáculos la menor importancia que para los medios tienen los asuntos europeos frente a los nacionales y la fácil tentación en la que algunos políticos caen en tiempos complicados de culpar a Bruselas de las decisiones incómodas o difíciles, en lugar de explicarlas con pedagogía. Son hándicaps que hay que superar, porque comunicar más y mejor sobre Europa es fundamental.
La falta de una lengua común es también obstáculo, y por ello, las instituciones deben redoblar esfuerzos y aplicar lo que vienen haciendo las multinacionales (think global, act local) e iniciarse en lo que comienzan a implantar con éxito, act personal, usando con vigor Internet para acercarse al público. Creo que los concursos de comunicación para todos los países no ayudan al act local ni al act personal: quizá habría que separar plan de comunicación y su declinación, eligiendo a los mejores en cada país.
Y es que comunicar hoy pasa por asumir la nueva realidad: que Internet y el entorno digital son claves para llegar al ciudadano y para trasladar una información fidedigna y contrastada, y de forma amena y cercana, a sus hogares. Ya no basta sólo con el recurso a los medios tradicionales (Prensa, TV, radio). Hoy hay que ser capaces de comunicar Europa a través de las nuevas herramientas, tener en cuenta a sus nuevos protagonistas (diarios digitales, RRSS, blogs, foros…) y usar los nuevos dispositivos, incluidos los smartphones. Saber que la comunicación ha dejado de ser solo vertical, que se ha horizontalizado… que se ha democratizado y socializado si me permiten estas palabras.
Creo sinceramente que las instituciones deben realizar un esfuerzo para comunicar más y, sobre todo, mejor y en positivo, el proceso de construcción europea, resaltando lo que une a los pueblos y lo que décadas de transformación hacia un espacio conjunto nos ha aportado (paz, estabilidad, seguridad, calidad de vida, mejor educación y sanidad, mecanismos económicos y monetarios sólidos…)
Estamos a tiempo de acometer ese esfuerzo con éxito, de adecuar eficazmente la comunicación a los diferentes públicos, con un lenguaje más preciso y menos técnico, con mensajes más sencillos y trabajados. De convertir la comunicación en la gran aliada que implique al ciudadano en las grandes decisiones y acontecimientos. Porque sin una mejor comunicación será difícil reactivar el proyecto de integración e involucrar a los habitantes. Es una tarea ambiciosa, pero insoslayable: de ella depende en gran medida la construcción europea. Y nuestro futuro.






