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Web 3.0, un entorno para recuperar el poder de nuestros datos

“Less trust, more truth”. El autor de esta frase, Gavin Wood, con quien coincidí recientemente en Davos, lidera Polkadot, una compañía que está desarrollando un protocolo de código abierto y descentralizado para que se convierta en el nuevo estándar de la próxima generación de internet y en una alternativa a los gigantes tecnológicos.

Junto a otro visionario como Frank McCourt, padre del proyecto Liberty, que tiene como objetivo crear una nueva arquitectura digital más transparente, son los impulsores de lo que va a ser la futura Web 3.0, una red centrada en los usuarios y socialmente responsable, en la que por encima de todo se pretende garantizar la veracidad de los contenidos, algo hoy en entredicho debido a la manipulación y la desinformación que domina el entorno digital y que representan una amenaza real para la democracia.

Porque, como bien pretende subrayar Wood en sus citadas palabras, tiene menor valor “confiar en algo que puede estar manipulado, pero que cuenta con más garantías de ser verdadero”. O, explicado de otro modo, “que cuando vemos una foto en las redes podamos saber quién la hizo, cuándo se hizo, dónde se hizo y quiénes aparecen”.

El nuevo entorno digital que promueve la Web 3.0 responde a uno de los grandes desafíos con los que nos enfrentamos hoy: recuperar el control de nuestros datos personales, pero, sobre todo, integrar los valores éticos en la tecnología (lo que se defiende desde el humanismo tecnológico), ampliando las oportunidades económicas a nuevos operadores y convirtiendo la red en un auténtico instrumento al servicio de la sociedad. Y es que, en los últimos años, los usuarios hemos perdido el poder sobre la gran cantidad de información que los grandes players tecnológicos, especialmente las redes sociales, han ido acumulando sobre nosotros.

Construir ese espacio va a tener mucha más repercusión política, social y económica de la que podemos imaginarnos, puesto que vivimos en un mundo en el que cada vez más personas desconfían de los medios y de las redes sociales por la propagación de bulos y fake news, lo que indudablemente afecta a la opinión pública y a la toma de decisiones.

La capacidad de descentralización que tiene la Web 3.0 es clave para empoderar a los usuarios y, por tanto, fortalecer la democracia y reforzar la sociedad frente a la desinformación y el auge de los populismos. El poder actual de las redes sociales radica en vincular personas, contactos, contenidos y anuncios, a partir del análisis de las interacciones y las conexiones que generamos y potenciando la viralización de determinados mensajes que llegan incluso a alimentar los discursos de odio. Ante esto, tecnologías como el Blockchain, que es en lo que se basa la Web 3.0, juegan un papel esencial en la medida en que ayudan a poner a buen recaudo la información de los ciudadanos mediante lo que se conoce como las cadenas de bloques que no se pueden alterar o manipular.

No hablamos solo, por tanto, de condiciones técnicas de la próxima generación de internet, sino del futuro modelo de red que queremos. Ahora tenemos la oportunidad de construir un mundo más libre, más justo, más competitivo y transparente. Y la Web 3.0 puede ser la clave para lograrlo.

Reflexión publicada originalmente en Linkedin

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