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Claves para comunicar en 2022

Esta semanaLa República, uno de los diarios económicos y financieros más importantes de Colombia, ha publicado mi última tribuna titulada Claves para comunicar en 2022. Vivimos un momento disruptivo, donde tecnología, hábitos de consumo o modelos de intercambio de bienes y servicios cambian radicalmente. El mundo cambia, y las empresas también. A partir de ahí, las compañías deben actuar como organizaciones inteligentes en las que la comunicación no debe ser considerada un área más. Tiene que actuar como el sistema nervioso que transmite e impulsa el cambio. Veamos cómo repercute este concepto en diferentes ámbitos.

«El primer paso es entender la comunicación de una manera transversal: la empresa es una y la comunicación también. No podemos tener una meta en sostenibilidad, un lema del plan estratégico, un posicionamiento de productos, o un diálogo en redes sociales que sean contradictorios. Las narrativas de empresa y marca en cada una de las interacciones sus públicos deben ser compatibles con el propósito corporativo.

También hay que adaptarse a la comunicación digital, sin olvidar que la tecnología debe ir unida a la creatividad para producir contenidos digitales que emocionen y generen empatía con nuestros públicos. Además, los procesos son más rápidos y aportan segmentación, velocidad, impacto y datos.

En 2022 no puede entenderse una estrategia de comunicación sin Data Analytics. Escuchar y medir es más importante que nunca. Debemos monitorizar las conversaciones con clientes y stakeholders con herramientas de escucha social avanzada que ayuden a identificar riesgos y oportunidades. Es decir, tener las “orejas abiertas” a sus sensibilidades y expectativas; adecuando el discurso al momento, a cada país y a cada mercado. Y sin perder la coherencia. Del mismo modo que sin tecnología no se puede conocer el origen y trazabilidad de las fake news, primer paso para combatirlas. Porque, aunque algunos pretendan lo contrario, la revolución digital debe estar sujeta a valores.

Cumplir estas premisas exige que las empresas cuenten con equipos multidisciplinares, que reflejen la sociedad en la que se desenvuelven. Un punto que conecta directamente con la comunicación interna, donde el reto pasa por gestionar los acontecimientos y adaptarse a los nuevos y más complejos modelos laborales, como el teletrabajo, para mantener la cohesión interna. La cultura de la empresa es la mejor arma para la gestión del cambio.

Otro cambio es que el compromiso social ha pasado a ser parte de la identidad de las compañías, que deben promover un impacto positivo de toda su actividad. Hoy el compromiso con los criterios ESG afecta la valoración de la empresa, hasta el punto de que aquellas que no reman en el bien común se convierten en un lastre para sus accionistas.

Las empresas deben ser activistas de cambio. Me refiero a la sostenibilidad ambiental, asegurando que están contribuyendo a construir un futuro mejor para el planeta; o a la igualdad de oportunidades, especialmente entre géneros y generaciones, fomentando entornos integradores, haciendo de la diversidad un factor de crecimiento y facilitando que los colectivos aporten su capacidad innovadora.

Por último, los Asuntos Públicos siguen ganando peso dentro de las organizaciones. En un contexto de pandemia, transformación digital y emergencia climática, economía y política deben alinear objetivos. De ahí la necesidad de comunicar con eficacia para reforzar las capacidades de influencia. En definitiva, en 2022, las empresas necesitan comunicar hacia dentro y hacia fuera más y mejor que nunca. Hasta el punto de que, hoy, la comunicación es el nuevo sistema nervioso de las organizaciones».

Pincha aquí para leer el artículo completo publicado originalmente en La República.

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