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Entrevista en Diario Gestión: «La autoevaluación del sector privado iberoamericano de su rol durante el COVID-19»

Con motivo de la publicación del informe “El papel del sector privado en tiempos de pandemia: ideas para el debate”, iniciativa de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) y del Consejo Empresarial Alianza por Iberoamérica (CEAPI), organización esta última que presido, tuve la ocasión de charlar para el Diario Gestión sobre el rol del sector privado iberoamericano en la superación de la crisis socioeconómica del COVID-19 y de hacer hincapié, una vez más, en la importancia de generar un clima de confianza para atraer las inversiones nacionales y extranjeras. Comparto mi intervención, con el deseo de que pueda resultar de interés:

¿Qué medidas concretas de colaboración público-privada se pueden llevar a cabo para contribuir a la superación de la crisis socioeconómica en Iberoamérica?

La actuación del sector privado ha sido ejemplar. Hemos visto cómo las compañías se volcaban con donaciones para la sanidad y para los colectivos más desfavorecidos; protegían a sus equipos de empleados; renunciaban al reparto de dividendos; y cedían la publicidad de sus empresas y sus capacidades de comunicación para apoyar la difusión de consejos sobre cómo proteger la salud y cuidarse en el confinamiento. Además, han puesto en marcha a sus equipos de investigación y economistas para pensar y proponer soluciones, y han apostado por seguir invirtiendo en el país y a que todo siga funcionando, aún en condiciones difíciles.

Ahora nos enfrentamos a que la pandemia va a ser más larga de lo previsto y a la crisis económica derivada del confinamiento. En este momento es imprescindible unir fuerzas público y privadas para definir las medidas de colaboración desde la generosidad y el compromiso. El lema del mundo empresarial es “Creer es crear”. Se crean empresas y empleos porque se cree en las personas y en el país. Tenemos que trabajar para conseguir un clima de confianza.

¿Qué opinión le merece el sector privado peruano? ¿Qué puede rescatar de su rol durante la pandemia y qué cree que se puede mejorar?

El sector empresarial peruano ha tenido comportamientos ejemplares durante la pandemia. Muchos de los empresarios estaban ya muy comprometidos con el país. En el Perú, el 80 % de la inversión es de empresarios peruanos, algunos muy pequeños, otros grandes, pero todos peruanos. Además, muchos ya tenían programas sociales a través de sus fundaciones. Este es el caso de los tres firmantes de nuestro documento: Roque Benavides, Eduardo Hochschild y Diego de la Torre.

¿Cómo considera que el mundo ve a Iberoamérica en cuanto al manejo de la pandemia?

Muchos gobiernos han hecho un buen manejo de la pandemia, al tomar decisiones muy pronto y al ser muy estrictos en su aplicación. Para poner un ejemplo saliendo del foco de los países de mayor tamaño, Paraguay tomó la iniciativa de manera temprana y consiguió un buen control de la pandemia. El problema que se ha visto en la mayoría de países ha sido más estructural que vinculado a las decisiones.

Por ejemplo, los países latinoamericanos tienen un alto nivel de economía informal. Durante años los gobiernos no se han decidido a luchar de verdad contra la economía informal, pero en esta crisis se ha demostrado que no se puede apoyar a empresas que no existen ni a empleados que no existen. Los gobiernos iberoamericanos deberían plantearse un proceso de regularazición “asistida” a la economía informal, con cuotas muy reducidas o con programas de protección.

Además, está la falta de infraestructuras sanitarias, clave para poder luchar contra la pandemia, y la dificultad de consensos para tomar decisiones rápidas y desde la unanimidad para invertir en hospitales de campaña y otras medidas para paliar la deficiencia de estructuras. Esto no se puede improvisar, pero pone de manifiesto la necesidad de invertir en reforzar los sistemas sanitarios y de protección en los países.

Ante lo visto hasta ahora, ¿cuál cree que es el futuro del sector privado iberoamericano?

Nuestro manifiesto expone diez puntos que se resumen en una conclusión final: Más confianza equivale a más recuperación.

En todos los países de Iberoamérica hablamos de la importancia de la inversión extranjera. Esto puede hacernos olvidar que el principal inversor en todos los países es siempre el empresario nacional, con porcentajes que alcanzan entre el 70% y 80% en el Perú.

Esto significa que si queremos luchar por la recuperación el gobierno tiene que crear un clima de diálogo y de confianza con los empresarios del país para conseguir que actúen de manera contraintuitiva, es decir, invirtiendo en vez de ahorrando, mostrando su capacidad de resiliencia y tenacidad ante las crisis. Esta confianza será también clave para los inversores internacionales, que crean un ciclo virtuoso en la inversión.

El documento “El papel del sector privado en tiempos de pandemia: ideas para el debate” señala que hay que ir hacia un nuevo pacto social. Se indica que el sector privado debe evolucionar y asumir un rol proactivo en la reconstrucción de Iberoamérica. ¿Ha tenido que ocurrir una pandemia para que el sector privado forme parte de un nuevo contrato social? ¿Por qué antes no se notaba un rol más proactivo por parte de la empresa o no había más pedidos expresos en esa línea?

El sector privado lleva tiempo poniendo foco en la responsabilidad social, en la sostenibilidad y el compromiso con la diversidad (mujeres, jóvenes,..). Los ODS (Objetivos y Metas de Desarrollo Sostenible) no nacen en Naciones Unidas como una reflexión de espaldas al mundo empresarial, sino que recogen una línea de trabajo y de pensamiento en la que el mundo empresarial lleva ya muchos años involucrado. Y en Perú tenemos grandes ejemplos de empresarios muy comprometidos con todo ello.

En este momento, el reto es extender este compromiso a más compañías y estar abierto a la cocreación. Es decir, a crear mesas de trabajo con los empleados, los clientes, la sociedad y el gobierno sobre cómo dar respuestas a la situación actual. Será importante hacerlo de manera muy abierta, pensando en la recuperación y en la necesidad de transformar las compañías y la economía, abrazando la digitalización y la transformación tecnológica.

El nuevo pacto social tiene que incluir la educación, no solo de los jóvenes, sino también de los actuales empleados; la promoción del espíritu emprendedor; y nuevas alianzas para el desarrollo de nuevas compañías. También la creación de nuevos sistemas laborales, que permitan el trabajo a tiempo parcial y aprovechar las oportunidades del teletrabajo.

También debería incluir consenso sobre las prioridades de inversión público-privada y un compromiso social anticorrupción. Esto último significa un gran cambio cultural. No puede haber tolerancia a la corrupción, ni a la pequeña ni a la grande.

La inversión va a ser imprescindible para salir de esta crisis. Los gobiernos tendrán que recurrir a la deuda. Pero uno de los grandes retos va a ser invertir bien. Asegurar la eficacia de las inversiones. Y ahí el concurso de lo privado no debería estar solo en la coinversión, sino también en ser un think tank comprometido con los países y con sus sociedades. Pensar bien es importante para invertir bien, y la transparencia y la colaboración son clave para gestionar bien.

¿Cuáles serían las consecuencias concretas de no ir hacia un nuevo pacto social?

Desafortunadamente creo que si no estamos a la altura (sociedad, empresas y gobiernos), la alternativa que nos demuestra la historia —si cabe más fácil hoy con las redes sociales— es la peor caricatura del populismo, basado en promesas que no se pueden cumplir, pero que ante la desesperanza y la frustración, consiguen alienar a la razón.

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