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Artículo en Crónica Global: Nativos digitales y comunicación de emociones

En mi último artículo en la publicación Crónica Global he podido compartir mis ideas sobre los ya omnipresentes emoticonos como forma de comunicación entre los nativos digitales, que muchas veces son capaces por sí mismos de revolucionar una acción mediática y cristalizar en movimiento social.

La cercanía y la comunión de intereses es, precisamente, la vía para que las marcas conecten con los consumidores más jóvenes, que se mueven por otros parámetros. Para empezar porque consumen principalmente a través de Internet. El gran reto es llegar hasta ellos, y la experiencia demuestra que para eso hay que hablar como ellos y apelar a sus emociones.

Esta eclosión de la comunicación mediante emoticonos está siendo espoleada por la primera generación de nativos digitales (la generación Z, jóvenes nacidos entre los años 1994 y 2009), que han crecido con Internet y para quienes la tecnología es una filosofía de vida. Estos jóvenes, que representan nuevos perfiles sociales, laborales y de consumo, tienen las plataformas Snapchat, Instagram, Twitter o Facebook siempre abiertas en sus smartphones y tabletas.  Para ellos y con ellos, la comunicación es instantánea y no se realiza “de tú a tú”, sino “como tú”.

La comunicación de emociones no solo juega un rol fundamental en la interacción personal, sino que se erige cada vez más en un factor clave para que las empresas y marcas conecten con sus colaboradores y clientes.

La comunicación de emociones no solo juega un rol fundamental en la interacción personal, sino que se erige cada vez más en un factor clave para que las empresas y marcas conecten con sus colaboradores y clientes. De hecho, traducir las emociones a símbolos universalmente reconocibles es una de las líneas de investigación de las grandes redes sociales. Por ejemplo, Facebook ha trabajado con un psicólogo de la Universidad de Berkeley para crear emoticonos con movimiento que expresen mejor la vergüenza, el arrepentimiento o la hipersensibilidad.

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Podéis leer íntegramente mi artículo en la sección de Economía de Crónica Global aquí.

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