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La República: América Latina apuesta por la apertura

Una de las grandes lecciones que nos deja 2016 es, sin duda, que actualmente el mundo se encuentra en un período de pleno cambio y transformación. Sabemos de dónde venimos pero aún no intuimos, y mucho menos conocemos con claridad, hacia dónde nos dirigimos.

Tal y como explico en La República, “Vivimos inmersos en una nueva época en la que predomina el sentimiento de vulnerabilidad y volatilidad, como ya lo expresó como nadie Charles Dickens en su maravillosa novela ‘Historia de dos ciudades’”. Estas épocas de cambio, crisis o depresión económica causan fuertes convulsiones y reacciones de tipo proteccionista y aislacionista pero, sin embargo, Latinoamérica debe seguir apostando por la apertura al exterior, poniendo así de manifiesto la heterogeneidad y pluralidad que la caracteriza y fortaleciendo como hasta ahora la región.


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El mundo se encuentra en un período de pleno cambio y transformación. Sabemos de dónde venimos pero aún no intuimos, y mucho menos conocemos con claridad, hacia dónde nos dirigimos. Vivimos inmersos en una nueva época en la que predomina el sentimiento de vulnerabilidad y volatilidad, como ya lo expresó como nadie Charles Dickens en su maravillosa novela “Historia de dos ciudades”. Allí describió una situación vivida a finales del siglo XVIII, la cual guarda algunas semejanzas con la actual. Y dejó para la posteridad uno de los comienzos de novela más hermosos: “Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas”.

Efectivamente, como el escritor británico narrara de forma magistral, las épocas de cambio, crisis o depresión económica causan fuertes convulsiones y reacciones de tipo proteccionista y aislacionista. Ya ocurrió en los años 30 del siglo XX, con las devastadoras consecuencias por todos conocidas y, por lo tanto, no es una novedad lo que está teniendo lugar en el momento presente. En la actual coyuntura por la que atraviesa el mundo, aparecen con fuerza los nacionalismos en el ámbito occidental y los fundamentalismos xenófobos (antioccidentales, al fin y al cabo) en el islámico. Entre los primeros, ejemplo paradigmático es el Brexit así como el triunfo de Donald Trump, abanderado de propuestas proteccionistas (rechazo al Nafta con México y al TPP) y nacionalistas (“American first”). . 

Esta tendencia mundial proteccionista, aislacionista y nacionalista tiene lugar cuando la mayoría de los países latinoamericanos acumulan ya varios lustros sosteniendo una decidida apuesta por la apertura y el libre comercio (México, la mayoría de los países de Centroamérica, Colombia, Perú y Chile) o han empezado a dar un giro en ese sentido (la Argentina de Mauricio Macri). Incluso, el proceso de integración más pujante actualmente en la región es la Alianza del Pacífico, que se ha convertido en un referente en lo que apertura se refiere: ha eliminado los aranceles para el 92% de las mercancías y aspira ahora a liberalizar la actividad comercial y a conformar un mercado financiero común.

Siendo Latinoamérica un área heterogénea y plural, existen países y plataformas de integración (el Alba) que ven con reparos la apertura. El venezolano Maduro ha llegado a asegurar que espera que con Trump acabe “el falso y destructivo libre mercado”. Sin embargo, echando una mirada desapasionada a la historia reciente latinoamericana cabe concluir que la apuesta por la apertura, la internacionalización y por la llegada de inversiones extranjeras, unido a políticas económicas más sensatas, han hecho más fuerte y madura a la región.

Es posible que nos estemos acercando a una época en la que ya no esté tan de moda la apertura y el libre comercio. En estas coyunturas es cuando más que nunca hay que hacer una profesión de fe en favor de esas estrategias. La apertura al exterior beneficia, en primer lugar, a los consumidores y contribuye, en segundo, a que las economías se fortalezcan y maduren, pues las hace más competitivas y productivas. Ahora, para América Latina, es el momento no de echar marcha atrás sino de apostar por diversificar el comercio, reforzando los lazos intrarregionales; invertir en capital físico y humano y otorgar mayor valor añadido a las exportaciones; entrar de forma decidida en las cadenas internacionales de valor, las cuales representan un camino hacia la integración mundial…

Ese es el camino y no el de cerrarse a cal y canto detrás de unas fronteras que, en un mundo como el actual, no impiden el intercambio. Perseverar en el aislamiento solo conduce al abismo. Un abismo que el mundo ya conoció hace 80 años o en los tiempos retratados por Dickens cuando ‘todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos hacia el cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto’”.

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