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La República: Las empresas, motor iberoamericano

Como ya sabéis, hace unos días tuve la oportunidad de asistir a la XXV Cumbre Iberoamericana celebrada recientemente en Cartagena (Colombia). Una de las principales conclusiones que he podido extraer de esta reunión es el extraordinario potencial que actualmente posee el sector empresarial, que se revela como un elemento fundamental de la sociedad civil en la tarea de consolidar un espacio común.

Tal y como explico en La República“En las últimas décadas y, notablemente en los últimos años, la relación económica y empresarial iberoamericana ha crecido, se ha fortalecido, ha adoptado metas comunes, se ha hecho bidireccional y ha impulsado nuevos lazos en un área cada vez más interconectada”. Es nuestra labor, por tanto, seguir apostando por el espacio económico y empresarial latinoamericano, el cual se consolida en encuentros como la reunión bianual de Cartagena de Indias.


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La XXV Cumbre Iberoamericana que acaba de celebrarse en Cartagena no solo se ha marcado objetivos concretos fundamentales para el futuro de nuestros países (respaldo a la juventud, la educación y el emprendimiento), reforzado la relación político-económica y dado respaldo al camino de Colombia hacia la paz. Ha demostrado, asimismo, que un sector clave, el empresarial, es pivote básico de la sociedad civil en la tarea de consolidar un espacio común.

Desde hace años, nuestras cumbres van acompañadas de una de las citas empresariales de mayor éxito global. Y esta vez el XI Encuentro Empresarial Iberoamericano, alineado con las metas de la cumbre, e impulsado por Andi, Segib, Ceib y el BID, no ha sido excepción. Existe una magnífica relación empresarial a ambos lados del Atlántico que está dando enorme respaldo a la cimentación del espacio económico conjunto, contribuyendo al acercamiento de sociedades, a la forja de alianzas y al posicionamiento de Iberoamérica como actor relevante en el mundo.

En un momento en el que Iberoamérica, con la designación del portugués Antonio Guterres como secretario general de la ONU y la concesión del Nobel de la Paz al presidente colombiano Juan Manuel Santos, afianza su soft power en el mundo (su capacidad como actor para influir en acciones o intereses de otros usando medios culturales e ideológicos), nuestra comunidad refuerza asimismo su peso en el ámbito empresarial.

En las últimas décadas, y notablemente en los últimos años, la relación económica y empresarial iberoamericana ha crecido, se ha fortalecido, ha adoptado metas comunes, se ha hecho bidireccional y ha impulsado nuevos lazos en un área cada vez más interconectada. España es el tercer mayor inversor en Latam, sí, pero la inversión de los países del área, que crece con fuerza cada año, es ya clave también para la economía española. Es una relación cada vez más sólida y fluida, que redunda en beneficio del desarrollo de los países.

A los ya consolidados vínculos empresariales enmarcados en las citas que preceden a las cumbres, se suman iniciativas ya veteranas como el Ceal, que vienen contribuyendo a un espacio empresarial iberoamericano que, lejos de ser invento o construcción abstracta, crece como actor en el entorno global y entra ya en una tercera etapa: la de empresas que afrontan juntas oportunidades. Un espacio, además, que surge de modo natural, fruto no del esfuerzo político sino de la necesidad de un grupo de presidentes de empresas, auténticos visionarios, que tras triunfar en sus mercados dieron el salto a otros países, desarrollaron las multilatinas, comprendieron la necesidad de fijar una red de alianzas en el ámbito iberoamericano para poner en común sus metas.

En este marco, desde Ceal Ibérico, que me honro en presidir, quisimos rendir homenaje a esos empresarios con trayectorias ejemplares que, con su impulso posibilitan el desarrollo de la región y estrechan lazos. Creamos así el Premio Enrique V. Iglesias al Desarrollo del Espacio Empresarial Iberoamericano, en honor al que muchos años fue presidente del BID y luego de Segib. Un premio que, en su tercera edición, ha sido entregado antes de la cumbre por el Rey de España al industrial peruano José Graña. Como en el caso de los dos galardonados previos, el mexicano Valentín Díez Morodo (2014) y el colombiano Luis Carlos Sarmiento (2015), la distinción reconoce la labor y el compromiso con la actividad empresarial, Iberoamérica y el desarrollo económico y social.

“Iberoamérica existe porque las empresas la construyen cada día”, suele decir la secretaria general de Segib, Rebeca Grynspan. Algo que es realidad palpable en cada uno de nuestros países, donde pymes y pequeños negocios forman el grueso del tejido empresarial y avanzan con entusiasmo junto a nuestras multinacionales. Un ámbito, el empresarial, en el que destacan emprendedores extraordinarios, como Díez Morodo, Sarmiento, Graña y muchos otros que son ya referentes vitales y ejemplo de nuestros lazos comunes.

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